miércoles, 1 de mayo de 2013

La fe compartida nos dice que vive

Siempre escribí acerca de una enorme variedad de temas, sin embargo, en febrero de 2012 fue la primera vez que tuve que escribir por la despedida de un amigo. El 27 de enero, con 47 años cumplidos el 16 de noviembre de 2011, fue la pascua del padre Hernán, director de las publicaciones periódicas de editorial San Pablo (El Domingo, La Hojita de los niños, La liturgia cotidiana y otras) e impulsor de muchas actividades e iniciativas como religioso paulino (activo promotor del diálogo interreligioso, entusiasta difusor del arte iconográfico, partícipe de Diálogo Ciudadano y algunas cosas más, tan significativas o más que las que acabo de mencionar).

Si hubiera sido un discurso formal tendría que haber resaltado el espíritu de camaradería y el entendimiento con que nos manejamos siendo codirectores de La Hojita de los niños y el respeto con que se hizo cargo de El Domingo teniendo en cuenta que yo era el redactor de la página cuatro desde hacía tantos años. Pero como no fue un discurso formal, pude permitirme contar que siempre –o casi siempre– terminábamos las reuniones de trabajo en la terraza para que él pudiera fumar al aire libre rodeados de sus multitudinarias plantas, mientras yo bebía alguna gaseosa sin azúcar aceptable para mi diabetes.

Así que escribí que Hernán fue un apasionado por la comunicación y que consagró su vida a Jesús; y reforcé esa idea subrayando que fue un buen tipo. También dije, en ese momento, que me hubiera gustado escribir algo inmediatamente en El Domingo y en La Hojita, pero por la dinámica con que se hacen esas publicaciones, recién pude hacer alguna mención para julio. Los lectores siguieron leyendo su nombre como si no hubiera muerto, porque los periódicos ya estaban impresos con un montón de anticipación.

Y, en realidad, fue mejor.

Porque sabemos que no murió; aunque lo estemos llorando todavía. Aunque nos tropecemos con su recuerdo y nos dé bronca que ya no esté.

Sabemos que no murió porque la fe compartida nos dice que vive.

Juan Carlos Pisano

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